La música y las tradiciones de Mendoza tienen una historia profunda que se remonta a los pueblos originarios de la región, especialmente los huarpes, quienes utilizaban la música como parte esencial de su vida cotidiana, sus rituales religiosos y las celebraciones relacionadas con la cosecha y la comunidad. Los instrumentos que empleaban eran simples pero efectivos, incluyendo flautas de caña, tambores de cuero, sonajas y silbatos de hueso, que producían sonidos destinados tanto a la danza como a la comunicación entre los miembros de la comunidad.
Con la llegada de los españoles en el siglo XVI, la música mendocina comenzó a transformarse, incorporando instrumentos europeos como la guitarra, el violín, la zampoña y la vihuela, y se introdujeron cantos religiosos y danzas de salón que se mezclaron con las formas indígenas. Durante los siglos XIX y XX, la provincia recibió la influencia de inmigrantes italianos, españoles y franceses, quienes aportaron melodías y técnicas instrumentales que se fusionaron con los ritmos autóctonos, consolidando un estilo local único que reflejaba tanto la vida rural como la riqueza cultural de la región. Esta combinación de elementos originarios, coloniales y europeos dio lugar a la música mendocina contemporánea, que mantiene un profundo vínculo con la identidad de la provincia y sus paisajes, celebraciones y costumbres.
